Del perfeccionismo a la autosabotaje: ¿Por qué nos paralizamos cuando las cosas van bien? El miedo al éxito o al fracaso, la necesidad de aprobación y las dudas de si somos suficientes, pueden ser algunas razones.
Imagínate esto: conseguiste ese ascenso que tanto anhelabas, tu relación de pareja está en un momento de plenitud, o finalmente lograste establecer ese hábito saludable. Todo va sobre ruedas. Y de repente, sin razón aparente, empiezas a sentir una extraña necesidad de arruinarlo. Dejas de esforzarte en el trabajo, inicias discusiones sin motivo o abandonas la rutina que te hacía sentir bien.
Este fenómeno, conocido como autosabotaje, es más común de lo que crees. Y si bien puede parecer ilógico, la psicoterapia nos enseña que no es un capricho; es una respuesta psicológica profunda a un conflicto interno. A menudo, el autosabotaje no es más que el resultado del miedo al éxito.
El miedo al éxito vs. el miedo al fracaso
La mayoría de las personas le teme al fracaso. Pero, ¿qué pasa si el éxito también es aterrador? El fracaso es un terreno conocido. Hemos fracasado antes, nos hemos caído y sabemos cómo reaccionar a la derrota. Sin embargo, el éxito nos empuja a un territorio desconocido. Nos confronta con nuevas responsabilidades, mayores expectativas y la presión de mantener un rendimiento. El éxito nos obliga a crecer, y ese crecimiento puede sentirse intimidante. Es más fácil volver a lo que ya conocemos, incluso si es incómodo, que arriesgarnos a enfrentar un futuro incierto.
La trampa del perfeccionismo
El perfeccionismo es una de las principales trampas que nos conduce al autosabotaje. Los perfeccionistas se exigen un nivel de excelencia inalcanzable. Cuando las cosas van bien, la presión para mantener ese estándar se vuelve insoportable. En lugar de disfrutar del logro, el perfeccionista se obsesiona con el próximo paso, con la posibilidad de cometer un error, con fallar. Para evitar esta constante ansiedad, el autosabotaje se convierte en una vía de escape. Al “fallar” a propósito, el perfeccionista se libera de la presión y confirma su creencia de que no era lo suficientemente bueno. Es una profecía autocumplida.
El síndrome del impostor
Este fenómeno está estrechamente ligado al autosabotaje. El síndrome del impostor es la sensación de que, a pesar de las pruebas de tu competencia y logros, eres un fraude y no mereces el éxito que has conseguido. La persona con este síndrome vive con el miedo constante de ser “descubierta”. Cuando logran algo importante, en lugar de sentir orgullo, sienten pánico. Creen que el éxito fue un golpe de suerte y que el fracaso es inminente. El autosabotaje se convierte en una forma de adelantarse a esa “inevitable” revelación.
Estrategias para enfrentar el autosabotaje
- Acepta la imperfección: El primer paso es dejar de lado la necesidad de ser perfecto. Entiende que cometer errores es parte del proceso de crecimiento. El éxito no es una línea recta, es un camino lleno de curvas.
- Redefine el éxito: El éxito no es un destino; es la capacidad de crecer y aprender. Redefine el éxito en tus propios términos, alineado con tus valores y lo que te hace feliz, no con las expectativas de los demás.
- Cultiva la autocompasión: Trátate a ti mismo con la misma amabilidad y comprensión que le ofrecerías a un amigo que está pasando por un momento difícil. En lugar de culparte, pregúntate por qué te estás sintiendo así y qué necesitas para sentirte seguro.
- Busca apoyo: Hablar con un profesional de la salud mental puede ayudarte a identificar los patrones de autosabotaje y a desmantelar las creencias limitantes que los alimentan. La psicoterapia es un espacio seguro para explorar estos miedos y construir una nueva relación contigo mismo.
El autosabotaje no es una debilidad, es una señal de que hay un miedo subyacente que necesita ser explorado. Reconocerlo es el primer y más valiente paso hacia un bienestar duradero y un crecimiento auténtico.
JORGE DOMÍNGUEZ | PSICOTERAPIA





