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Estas claves para sanar heridas del pasado pueden ayudar a liberarnos de la esclavitud del dolor que éstas nos profesas a cada momento. Para ello conozcamos la historia de Juan.

Juan tiene un sentimiento de abandono e indiferencia por parte de su madre hacia él. Cree que nada de lo que hace es importante para su madre, pero no importa cuánto se esfuerce ellen reconocerlo, para Juan sigue siendo difícil y doloroso no sentirse reconocido por su mamá. Ahora, con su nueva pareja ha comenzado a tener conflictos porque cree que ella no reconoce los detalles que él tiene hacia ella, entonces pelean

Por eso decidió analizar en qué momento de la vida comenzó a sentir esta indiferencia de su madre que ahora está dañando su relación de pareja. Una herida que le ha dañado por años su autoestima y su autoconfianza. 

Con ayuda de la psicoterapia, Juan fue descubrimiento aquello que un día le dolió y que interpretó como indiferencia de parte de su madre. Un día, la madre de Juan tenía preocupaciones laborales y cuándo él le enseñó un dibujo por el que su maestra de primaria le había dado un premio, ella no lo tomó muy en cuenta ni lo felicitó elocuentemente. Más bien casi lo ignoró. Bastó ese momento para que Juan se sintiera herido por la indiferencia de su madre ante algo que para él era significativo. 

Fue en terapia cuando Juan descubrió que esa pequeña acción fue tan importante para él, pero para su madre habrítenido otro valor. Reconocer el hecho fue su primer paso para reconciliarse con su historia, con su madre y mejorar su relación de pareja. 

Las heridas del pasado son huellas provocadas por un dolor real o sentido que experimentamos en algún momento de nuestra historia. Estas pueden darse más frecuentemente en la niñez, por nuestra inexperiencia en el procesamiento de las emociones, pero las heridas no son exclusivas de esta etapa; generalmente, además, nos las infringen las personas más allegadas a nosotros (padres, tutores, cuidadores, hermanos o pareja), porque son a quienes damos nuestra confianza y afecto, y esperamos recibir lo mismo de ellos.

De tal forma, el dolor que nos producen otras personas o determinadas circunstancias está ligado a nuestras expectativas y, especialmente, a la forma en que procesamos lo sucedido desde el ámbito emocional, muchas veces de forma inconsciente.

Cualquiera que sea el caso, a veces podemos arrastrar con estas interpretaciones emocionales que nos dañan en determinado momento y sus consecuencias; haciendo que, cada vez que las recordemos, nos dañen nuevamente y se conviertan en una difícil carga que, además, puede dañar nuestra forma de relacionarnos con la vida, con otros y hasta con nosotros mismos.

5  Claves para sanar una herida del pasado

  • Reconocer la dimensión de los hechos y la herida

Para sanar estas heridas, primero hay que reconocer que están ahí. Muchas veces, especialmente cuando son en la niñez, vamos matizando y olvidando el hecho anecdótico real que causó la herida, pero el dolor se perpetúa.

Después será importante ser conscientes que aquello que recordamos puede ser muy diferente a los hechos reales (Juan recuerda con dolor la indiferencia de su madre, pero no es consciente de las condiciones en que se dio). Los hechos suelen ser diferentes a la forma en la que los vivimos e interpretamos emocionalmente. Asimismo, el tiempo “ayuda” a distorsionar nuestro recuerdo dificultando que podamos ser objetivos. Cada vez que lo recordamos, podemos estar interpretándolo nuevamente con una carga emocional diferente.

Por otro lado, no somos los mismos que quienes experimentaron el pasado; deberíamos de haber cambiado y madurado. Juan tenía unas expectativas sobre su madre en aquel día que le mostró el dibujo, hoy es un adulto que sabe lo que es tener preocupaciones laborales y puede comprender a su madre. 

  • Hay que perdonar

Para sanar las heridas hay que estar dispuestos a perdonar, a los otros y a nosotros mismos. Perdonar es dimensionar los acontecimientos a su justa medida para poderlos procesar. Entender cómo y porqué se dieron los hechos sucedidos o las acciones de los otros que nos causaron el daño. Esto será un importante paso para sanar la herida y dejar de ver al otro con rencor.

Perdonar es sanarnos a nosotros mismos; no exculpar a los otros sino deshacernos de una carga tan pesada como es el dolor de la herida. Otorgar el perdón a los otros y a nosotros mismos nos permite ver la situación de otra manera, de forma que ya no nos lastime.

Negarnos a perdonar es, de alguna manera, librarnos de la responsabilidad de nuestras emociones y achacar la culpa sólo a los otros. Juan hacía responsables a los otros de su indiferencia porque inconscientemente tampoco quería hacerse cargo de su propia autoestima y trabajar con ella para que fuera él mismo quien se otorgara reconocimiento y no dependiera de que los demás lo validaran. 

El psiquiatra John Firman señala en su libro The primal wound  que sanar heridas no significa borrar traumas, significa habilitarnos de nuevo como seres humanos y supone por encima de todo saber crear una conexión empática con esa herida primaria.

  • Deja de depender

Como te decía anteriormente las heridas emocionales nos permiten deshacernos de la responsabilidad de vivir plenamente. Somos dependientes del dolor para justificar nuestra falta de acción; sin embargo, nadie merece vivir con el dolor de ser víctima de una herida. Además, esto nos hace dependientes de otros, nos impide vivir con liberad.

Aunque también hay que tener compasión por nosotros mismos, procurarnos empatía con nosotros mismos porque esto nos ayuda a visibilizar nuestro dolor y entender que debe ser aliviado, que debemos de dejar de estar atados.

  • Compromiso contigo mismo

Sanar una herida implica comprometerte contigo mismo a vivir plenamente. Hacerlo requerirá profundizar en tus emociones que, aunque al principio sea igualmente doloroso al repetir la historia, paulatinamente irá sanando (es como hacer una curación a una quemadura); ello requiere valor frente a la transformación positiva.

Tendrás también que desacostumbrarte a que la herida justifique muchos de tus comportamientos erróneos o insanos, y a asumir tu propia responsabilidad.

  • Busca apoyo

Si la carga de la herida es tan dolorosa y complicada, es recomendable no lidiar solos con el problema, hay que buscar un apoyo que promueva el desahogo emocional y sea guía para sanar la herida.

 

JORGE DOMÍNGUEZ | PSICOTERAPIA 

De Frente a la Vida |CONTIGO

 

Curso impartido por Jorge Domínguez.

 

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