¡Cómo no vas a poder! O lo que nos enseñan las flores que rompen el pavimento y que puede ser una gran lección diaria.
A veces, la vida se siente exactamente así: como una capa pesada, gris, fría y asfixiante de concreto.
Hay épocas en las que los problemas, el cansancio acumulado, el dolor de una pérdida o la simple incertidumbre del futuro nos caen encima como bloques de cemento. Nos miramos al espejo y nos sentimos atrapados, sin aire, convencidos de que esta vez la carga es demasiado grande y que simplemente ya no vamos a poder. Es una parálisis total del alma.
En esos días de oscuridad, me gusta recordar una imagen que todos hemos visto alguna vez al caminar por la calle: una pequeña flor, frágil y diminuta, abriéndose paso a través de una grieta en el pavimento.
Si lo piensas desde la lógica física, es absurdo. ¿Cómo algo tan suave, hecho de pétalos y agua, puede romper el concreto que construyeron máquinas pesadas? La respuesta no está en la fuerza bruta, sino en la insistencia de la vida. La flor no pelea contra el pavimento; simplemente sigue su naturaleza de buscar la luz, empujando con paciencia, milímetro a milímetro, hasta que la piedra cede.
Si hoy te sientes asfixiado por tu propio “pavimento” —ya sea una crisis de ansiedad, una relación que duele, o el peso de sacar adelante tus proyectos—, quiero que recuerdes esto: tú estás hecho de la misma fuerza viva que esa flor.
La resiliencia no es ser de piedra
A menudo confundimos la fuerza con la dureza. Creemos que para “poder con la vida” tenemos que ser como el concreto: rígidos, impermeables, insensibles. Pero el concreto, con todo lo fuerte que parece, se termina agrietando y rompiendo. La verdadera fuerza emocional es como la de la flor: es flexible, es suave, pero es profundamente persistente.
Poder con lo que estás viviendo hoy no significa que no te duela, ni que tengas que disimular que todo está bien. Significa:
- Aceptar que estás en un terreno difícil, pero no dejar de buscar tu propia “luz” (un momento de paz, una terapia, un espacio de autocuidado).
- Avanzar un milímetro a la vez, sin prisa, pero sin detener tu crecimiento.
- Recordar que tus raíces —tu historia, tu capacidad de adaptarte, tu esencia— son mucho más profundas que cualquier obstáculo temporal.
Mira a tu alrededor. La naturaleza está llena de respuestas silenciosas. Si la vida encuentra la forma de florecer en los lugares más inhóspitos, ásperos y grises del planeta… ¿cómo no vas a poder tú?
Tienes la fuerza, tienes la vida empujando por dentro y, tarde o temprano, vas a encontrar la grieta para volver a respirar y florecer. No te rindas.
JORGE DOMÍNGUEZ | PSICOTERAPIA





