Sanar es dejar de buscar culpables y liberarte de tu papel de víctima de la situación.
En el camino de la psicoterapia, hay un momento crucial en el que la persona deja de mirar hacia afuera y comienza a mirar hacia adentro. Es un paso difícil, a veces doloroso, pero es el único que conduce a la verdadera libertad.
Solemos creer que sanar es recibir una disculpa de quien nos hirió o encontrar la prueba irrefutable de que “teníamos razón”. Sin embargo, sanar es, en realidad, renunciar a la búsqueda de culpables.
El peso de la culpa
Cuando buscamos un culpable, estamos entregando nuestro poder. Si mi bienestar depende de que mi padre me pida perdón, de que mi ex reconozca su error o de que la vida me compense por una injusticia, entonces mi sanación no está en mis manos, sino en las de ellos.
La culpa nos mantiene anclados al pasado. Es un lazo invisible que nos amarra a la herida y nos impide caminar. Mientras busquemos quién la “pague”, seguimos habitando el rol de víctimas, y desde ese lugar es imposible construir un presente sólido.
De la culpabilidad a la responsabilidad
Sanar no significa que lo que pasó estuvo bien, ni que debemos olvidar el daño recibido. Significa pasar de la culpabilidad a la responsabilidad.
- La culpa mira atrás: “¿Quién me hizo esto?”.
- La responsabilidad mira al frente: “¿Qué voy a hacer yo con esto que me pasó?”.
Cuando dejas de buscar culpables, te haces cargo de tu propia herida. Entiendes que, aunque tú no fuiste el responsable de que te rompieran, sí eres el único responsable de repararte.
El alivio de soltar
Dejar de buscar culpables es un acto de amor propio. Es decirte a ti mismo: “Mi paz es demasiado valiosa para dejarla en manos de quienes me lastimaron”.
Al soltar la necesidad de señalar a alguien, se libera una cantidad enorme de energía emocional que antes usabas para el rencor. Esa energía es la que ahora puedes usar para reconstruir tu vida, establecer límites saludables y, finalmente, encontrar la calma.
La sanación completa llega cuando el pasado deja de ser un juicio pendiente y se convierte en una historia que ya no tiene poder sobre tu presente.
JORGE DOMÍNGUEZ | PSICOTERAPIA





